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Empresa

La internacionalización empresarial como palanca de crecimiento en tiempos de coronavirus

  • 05 de abril de 2021
  • 4 min

La actividad de las compañías españolas fuera de nuestras fronteras es un factor clave.

La pandemia desatada por la Covid-19 es uno de los mayores desafíos a los que se ha enfrentado la economía mundial hasta la fecha. Desde el estallido de la crisis, un tanto impredecible y completamente atípica, la propagación del coronavirus ha impactado de lleno en toda la actividad económica. España no escapa a esta envolvente.

El bloqueo de la producción, el cierre de fronteras, la parálisis exportadora y el frenazo de la demanda interna son tan solo algunos de los efectos aciagos de este terremoto global, cuyas sacudidas se han sentido con especial virulencia en nuestro país. Si a este cóctel le añadimos varios fenómenos que ya estaban presentes antes del shock, entre ellos las tensiones comerciales y medidas proteccionistas, el reto de la transformación digital y la realidad del cambio climático, la partida se complica todavía más.

El horizonte se pinta incierto y volátil, con unas perspectivas que podrían empeorar a medio plazo. Sin embargo, en medio de esta espiral, asomarse al exterior puede suponer, como pasó en 2008, la mejor válvula de escape para las empresas españolas, un vehículo para vencer la atonía, sobrevivir en el mercado actual y contribuir a avivar una economía en recesión.

Un pilar de crecimiento

El buen desempeño económico nacional de los últimos años se sustenta, en gran medida, en el repunte sostenido de las exportaciones y la contribución positiva del sector exterior al crecimiento del PIB. Entre 2008 y 2013, los peores años de la crisis financiera, el capítulo exterior tomó las riendas y se convirtió en el motor de la recuperación.

En ese momento, el hundimiento del mercado doméstico aceleró el salto fuera de nuestras fronteras de un gran número de empresas, deseosas de encontrar nuevas plazas en las que operar. Para muchas, la apuesta fue crucial. Un gran logro; un salvavidas que les permitió no solo subsistir, sino hacerse más fuertes y dinámicas, hasta tal punto que, hoy en día, la amplia presencia y desempeño internacional se ha convertido en la principal baza competitiva de parte de la comunidad empresarial patria.

Los indicadores en positivo refrendan ese envite para el conjunto del país. Si en 2008 la exportación de bienes y servicios suponía el 23% del PIB, en el transcurso del pasado ejercicio el negocio exterior se anotó un 35%. El incremento de los exportadores regulares y la diversificación geográfica de los mercados exteriores respaldan estos buenos resultados.

Más argumentos a favor. Si hablamos de España como un país de pymes, es justo destacar su protagonismo en la dinámica exportadora. De todas las compañías nacionales con operaciones comerciales en el exterior, el 72,21% son pequeñas o medianas empresas. Por su parte, entre estas últimas, el 21,86% exporta, según los datos del ‘Observatorio MESIAS de Pymes Exportadoras 2019’.

Ahora, en tiempos de coronavirus, asistimos a una ralentización de los flujos mundiales de comercio y de las inversiones transfronterizas. Las estadísticas compiladas por la OMC en el segundo trimestre del año constatan una contracción del comercio internacional de mercancías del 14,3% en volumen y de un 21% en valor. Los datos son peores que los contabilizados en 2008. En España, en el acumulado enero-julio del año en curso, las exportaciones sumaron 147.487 millones de euros, un 14,6% menos interanual. 

En el caso de Asturias, los datos de comercio exterior hablan en positivo para los últimos siete años. Si observamos su evolución encontramos superávits en la balanza comercial para el intervalo 2013-2019 y el acumulado de 2020 hasta julio, rompiendo la tendencia negativa observada desde 2000, ejercicios previos en los que se originaron déficits producto de importaciones superiores a las exportaciones.

Hasta la fecha, el sector exterior asturiano ha venido mostrando su fortaleza en los mercados internacionales. El pasado año, un total de 2.017 empresas locales comercializó su oferta en todo el mundo, vendiendo algo más de 4.833 millones de euros, según la Secretaria de Estado de Comercio. Hasta julio, 1.449 compañías del Principado han materializado operaciones en el exterior, reportando 2.277,2 millones, el 1,5% del total de las exportaciones nacionales.

 

 

Ahora, en este contexto de incertidumbre mundial, la espiral envolvente del coronavirus también se deja sentir en la comunidad autónoma. El estado de alarma y la evolución de la pandemia traen consigo una retracción de las exportaciones del 23,6% para los siete primeros meses de 2020 (2.277 millones de euros citados anteriormente). Sin embargo, a pesar del desplome, el montante hasta julio arroja un saldo comercial de 587,1 millones de euros (el valor de las compras al exterior alcanzó 1.690,15 millones), de acuerdo con los datos de la Secretaría de Estado de Comercio y el Departamento de Aduanas e Impuestos Especiales de la Agencia Tributaria. La tasa de cobertura, o lo que es lo mismo, el porcentaje de exportaciones que se puede pagar con las importaciones, llega al 134,73%.

El retroceso experimentado a nivel nacional debería servir de acicate para voltear la situación. La reacción del sector exterior debe convertirse en un factor dinamizador, estructural y no coyuntural, en “un pilar de crecimiento y creación de empleo en la recuperación económica y social española”, subraya la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto.

Foco de grandes oportunidades

A estas alturas, es difícil cuestionar que el impacto de la Covid-19 va a transformar los ámbitos social, político y económico a medio plazo. Sin embargo, a pesar de los cambios sustanciales que se van sucediendo en este complejo escenario en el que nos movemos, parece improbable que la epidemia vaya a asestar un golpe de gracia definitivo a la globalización. La fuerte interconexión de las economías y su alto grado de dependencia respecto del comercio global de bienes y servicios –como es el caso de la española- hacen de la internacionalización una de las mejores opciones para tratar de impulsar la reactivación económica.

Pensar en local se antoja insuficiente cuando las dinámicas mundiales obligan a una acción global y deslocalizada. Armar una estrategia de internacionalización y lanzarse al exterior es clave para buscar el crecimiento corporativo y nuevos mercados, para asegurar la supervivencia de las organizaciones, garantizar sus perspectivas de futuro en una economía globalizada y mejorar la competitividad.

Una iniciativa que puede comportar importantes ventajas, si bien no es, en ningún caso, una varita mágica con la que borrar de un plumazo una situación empresarial crítica ni una respuesta unívoca con la que revertir la ralentización del mercado interior. Como estrategia comercial, además de aportar su grano de arena para tratar de salir de la crisis, mirar fuera de nuestras fronteras permite, por lo general, abrir nuevas vías con las que progresar y expandirse, llegar a más clientes e incrementar la rentabilidad, constituyendo un recurso para suplir posibles carencias o debilidades de la empresa en el mercado doméstico.

Internacionalizarse es clave, asimismo, para ganar en competitividad y eficiencia, optimizando procesos, costes y calidad; para diversificar mercados y acotar riesgos, al igual que para asegurarse el suministro de bienes para la producción. En conjunto, todo ello puede contribuir a garantizar la supervivencia y mejorar las perspectivas de futuro de una compañía.

A menudo se afirma que las crisis son sinónimo de oportunidad. El momento actual de nueva normalidad puede ser propicio para reinventarse y potenciar la internacionalización de nuestro tejido productivo, para promover su presencia y actividad en los mercados internacionales, especialmente las pymes, emprendiendo nuevos proyectos, apostando por la innovación y por productos y servicios de calidad. Este impulso convertirá de nuevo al sector exterior en un motor de crecimiento para la economía española.

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