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Empresa

Cuidar de la salud física y emocional de los empleados, un gran reto empresarial en la ‘nueva normalidad’

  • 26 de abril de 2021
  • 4 min

Las acciones para promover una vida saludable y fortalecer el plano psicosocial cobran cada vez más protagonismo en el ámbito corporativo.

La crisis de la Covid-19 está suponiendo un desafío humano sin precedentes. Con profundas implicaciones sanitarias, económicas y sociolaborales, la emergencia global continúa poniendo a prueba a la comunidad empresarial, testando su capacidad de adaptación y respuesta a esta nueva realidad.

El coronavirus, a pesar de ser un problema de salud pública y no laboral, ha supuesto un refuerzo de la seguridad y de las medidas de prevención en las empresas, dando pie a nuevos planes de organización, protección y contingencia basados en las recomendaciones y exigencias de las autoridades para evitar los contagios y frenar la transmisión del patógeno. Unas acciones que todos hemos interiorizado y que ya son parte indisociable de nuestro día a día: limitación de aforos, redistribución espacial y del personal, distancia social, uso de mascarilla y lavado frecuente de manos, etc. Aspectos esenciales para cuidar la salud de todos.

En este escenario, la pandemia puede servir de catalizador para dar un empujón a una preocupación en constante desarrollo dentro de la agenda corporativa: el bienestar de los empleados. Un planteamiento fundamental, prioritario, que ahora, en días de incertidumbre, puede experimentar un impulso definitivo.

Con el foco en las personas

La actividad laboral consume una gran parte de nuestra vida. De media, las personas pasamos entre ocho y diez horas diarias en el puesto de trabajo. El sedentarismo en unos casos y la realización de esfuerzos continuados en otros se dejan sentir sobre nuestro cuerpo y nuestra salud, pasándonos factura con el tiempo. De ahí que la mejora de las condiciones que rodean a cualquier actividad repercuta positivamente en la calidad de vida, en la disposición y el estado de ánimo, con el consiguiente aumento del rendimiento.

Pequeño o grande, sencillo o complejo, temporal o indefinido, todo proyecto depende directamente de las personas, un factor estratégico en cualquier organización. El capital humano constituye una ventaja competitiva esencial, un activo vital para la supervivencia y el éxito de la empresa. Y más ahora, en tiempos de crisis.

Por regla general, un trabajador que se siente cuidado, protegido y valorado es un empleado más eficiente. Felicidad y productividad guardan, pues, una estrecha relación, una correspondencia muy directa que no es ajena para las compañías. Bajo dicha premisa, muchas de ellas empiezan a dar un mayor protagonismo al bienestar laboral, diseñando y poniendo en marcha una serie de acciones para mejorar la vida de las personas en este contexto.

En los últimos años, el término ‘saludable’ está cada vez más presente en nuestras vidas. La preocupación por todo aquello que tiene que ver con lo sano, desde un punto de vista físico y también desde la perspectiva emocional, continúa cotizando al alza. Un valor en continuo crecimiento. Un estilo de vida más fit, una alimentación healthy, el auge del mindfulness o atención plena... ¿Tendencia o necesidad? ¿Responde a una moda pasajera o a un cambio de rutinas, a una evolución?

En medio de esta espiral, el concepto de empresa saludable gana terreno paulatinamente. ¿El motivo? Las compañías han de velar por la salud de los trabajadores, no pueden vivir de espaldas a ellos. Y en este quehacer, apostar por dicho modelo implica un mayor compromiso en la cultura organizacional. Lo es en materia de seguridad y cumplimiento normativo, en el fomento de la práctica de unos buenos hábitos de salud en las plantillas (alimentación, ejercicio, prevención del estrés, etc.), a la hora de reforzar la sostenibilidad del entorno de trabajo, etc. Todo ello redundará en el desarrollo individual, en el progreso colectivo y en la optimización de las condiciones laborales.

Grandes beneficios

Entre abril y junio de 2020, más de tres millones de personas teletrabajaron desde sus casas. En la transición hacia la ‘nueva normalidad’, la desescalada trajo consigo la reapertura gradual de oficinas. Un proceso que se aceleró en septiembre, finalizada la temporada vacacional, con un goteo progresivo de reincorporaciones que se extiende hasta hoy. Un regreso atípico para miles de trabajadores en todo el país. Una vuelta marcada por el incremento de las medidas de protección para hacer frente a una amenaza muy presente.

La complejidad del momento, el repunte del trabajo en remoto o las restricciones de movilidad han incidido, física y psicológicamente, en la salud de los trabajadores. Además, en el corto y medio plazo es posible que este escenario siga afectando de manera negativa como consecuencia de las limitaciones que podrían aplicarse en función de la evolución de la crisis.

De ahí la importancia capital de trabajar, aún más si cabe, en el refuerzo de ese bienestar laboral. Además de las conductas preventivas e higiénicas adoptadas, no debemos pasar por alto, en este retorno, las conductas saludables y recomendaciones que ya estaban vigentes antes de la pandemia: hacer ejercicio, cuidar de nuestra salud nutricional, evitar el sobrepeso, descansar adecuadamente, etc.

De la misma manera, no podemos olvidarnos del plano mental, que ahora, en esta era poscovid, se ha visto tan tensionado por las circunstancias del momento. Por ello, será fundamental, dentro de esta nueva dimensión, impedir que el miedo y la inseguridad ganen terreno; combatir el estrés laboral o cualquier alteración que nos afecte emocionalmente.

Conscientes de ello, un gran número de empresas está optando, incluso antes del estallido de la emergencia, por incorporar a sus estrategias iniciativas encaminadas a potenciar ambas facetas en materia de salud laboral, el bienestar físico y emocional de los empleados. Prueba de ellos son, por ejemplo, los programas de atención personalizada, asistencia psicológica, sesiones de coaching, etc.

En este proceso de mejora activa del estado de salud general y del bienestar, resulta fundamental involucrar a todos y cada uno de los trabajadores, teniendo en cuenta sus opiniones y necesidades sobre la forma de organizar la actividad y el entorno de trabajo. Hacerlo correctamente reportará grandes beneficios para los empleados, las organizaciones y la sociedad en su conjunto. Entre otras ventajas:

  • Un buen clima laboral mejora el ambiente que se respira en la empresa, estimulando la motivación, la participación, el espíritu colaborativo, la reducción del estrés y el compromiso con la compañía, todo lo cual redunda, a su vez, en un incremento de la eficiencia y la productividad.
  • El buen estado físico, cognitivo y mental de los trabajadores se traduce, por lo general, en menos enfermedades y una disminución de la siniestralidad y los accidentes laborales, contribuyendo a recortar los costes sanitarios y los relacionados con los seguros.
  • Otro importante ahorro viene de la mano de una menor rotación del personal y una rebaja del absentismo. Consecuentemente, disminuyen los desembolsos asociados a la contratación temporal para suplir bajas y formación de suplentes, así como el periodo de adaptación a su puesto de trabajo y funciones.
  • Por último, actuar en esta dirección es determinante para fortalecer la imagen de marca y la reputación corporativa de cara a empleados, clientes y proveedores.

Seguridad y salud forman una dupla indisoluble en la esfera laboral. Fomentar el bienestar por parte de la organización conlleva hacer todo lo posible para garantizar que los trabajadores se encuentren seguros y se sientan felices, satisfechos en sus puestos de trabajo y en el desempeño de sus tareas. Buena parte del éxito empresarial depende de ello.

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